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Hotel con Spa Privado y jacuzzi/hidromasaje en la habitacion, en Barbastro (Huesca).

Circuito de spa privado, escapadas con encanto y restaurante con los sabores del Somontano.

El restaurante del Hotel San Ramón, de Barbastro, como en los mejores tiempos

Sobre el autor:

José Luis Solanilla es periodista, especializado en gastronomía. Es un gran aficionado al mundo del vino y gran defensor de los vinos de Aragón, cuyas zonas elaboradoras y bodegas conoce muy bien. Natural de Barbastro y licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona, trabaja en la sección de Cultura y Ocio de HERALDO DE ARAGON y es colaborador de otros medios como la revista ‘La Magia de Viajar por Aragón’ o Zaragoza Televisión.

Entre Copas y Pucheros.

Admito que sentí cierta emoción cuando recorrí las nuevas instalaciones del Hotel San Ramón de mi ciudad natal, Barbastro, el establecimiento que ha presidido, durante más de un siglo, todo el acontecer ciudadano junto al Coso, la arteria principal de la capital del Somontano. Ahora se cumple el año de su reapertura, después del impecable trabajo de recuperación del emblemático espacio por parte de la empresa de construcción Salamero. Tras algunos problemas con los primeros adjudicatarios del negocio, que dejaron la actividad poco después de la reapertura de este edificio, catalogado como Bien de Interés Cultural, ahora lo gestiona el empresario Joaquín Castillo.

Hay que decir, de entrada, que la calidad de las instalaciones y de los servicios del hotel alcanzan, con creces, los niveles de confort y calidad de un cuatro estrellas con encanto. Y el restaurante, según he podido comprobar recientemente, está a la altura del resto del proyecto y de la fama que alcanzó cuando estaba al frente de los fogones, durante los últimos 70 años del siglo XX, doña Josefina Bosch.

La carta se sustenta en los productos de temporada, muchos de ellos habituales en el recetario tradicional aragonés -arroces, pescados, setas, carnes de ternera, de cabrito y de cordero-, junto a otros importados de otras cocinas regionales, aunque habituales en los restaurantes de toda España. Ahí están ese impecable pulpo a la gallega (14 euros) o el no menos sabroso arroz caldoso con bogavante (18,50). Los amantes de las viandas de caza tienen aquí motivos para pasarlo bien, pues siempre hay algún que otro plato que incluye esta especialidad, seguramente porque el chef, Javier Capdevila, conoce los antecedentes y las fantásticas recetas que preparaba doña Josefina Bosch con las perdices y liebres que se cazan en el Somontano.

El sábado que visité el establecimiento había en el menú del día un ‘Lomo de ciervo rosado sobre lecho de compota de manzana, salsa de merlot y frutos rojos de invierno’ que estaba para chuparse los dedos. Este menú de fin de semana se complementaba con un aperitivo que llaman ‘Delicia de San Ramón’ (y que responde a su calificativo), un entrante consistente en ‘Crema de puerros de la huerta de Barbastro con tronco de bacalao confitado a baja temperatura y crujiente de jamón de Teruel’ y la citada carne como segundo, que se podía sustituir por un rodaballo salvaje del Cantábrico a la parrilla con ligero Orio.

Los postres son artesanales y suculentos, aunque la oferta en la carta no es muy amplia en este apartao. Mención aparte merece la bien surtida y elegante cava de vinos, en la que predominan las referencias de esta pujante denominación de origen. Nosotros tomamos un Fábregas Blanco fermentado en barrica y un tinto Sentif, que estuvieron a un buen nivel. Me gustó mucho la decoración del comedor, que reproduce con la máxima fidelidad la modernista sala del viejo hotel. Las mesas y sillas son amplias y confortables, la mantelería y la vajilla de gran calidad y el servicio, que dirige Luis de Felipe, impecable. Un lugar recomendable, sin ninguna duda.